Dos
tangentes se hacen constante
En una cama
de dos cuerpos amantes
Una
variable a este insinuado placer
Que deja
asomar despacito la piel.
Y hay
silencios mutilados por suspiros
Que hacen
fiesta de posibles gemidos
Tienen
vergüenza estas cuatro paredes
Por ser
testigos de un amor de dos mujeres.
Dos
placeres en constante movimiento
Una lujuria
ansiosa por aquel momento
Cuatro
manos que caminan el sendero
Del sexo,
la locura, y falsos miedos.
Un juego
que cambia, ya las manos descansan
Una boca
calla por una aventura bajo las sabanas.
Nace el
placer infinito lejos de la cordura
Nace el
deseo constante de hacerla enteramente suya
La
habitación se hace pequeña
Ante el
temblor de aquellas piernas
La ilusión de
una inocente amante
De que ella
sienta lo mismo al mirarle.
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